Apreciación de la belleza y la excelencia

Para poner en práctica tu fortaleza de la APRECIACIÓN DE LA BELLEZA Y LA EXCELENCIA, esta semana te proponemos:

  • Escucha una obra de música clásica con los ojos como comprar acciones de coca cola cerrados y prestando toda tu atención a la música. Te sugerimos las 4 Estaciones de Vivaldi, el Himno a la Alegría, el Mesías, la Sonata Patética…
  • Camina por la naturaleza y concéntrate en el paisaje. Déjate absorber por las sensaciones, los colores y las texturas.
  • Coge una hoja de helecho u otra planta que te guste y observa invertir en acciones de Starbucks en Argentina durante un minuto su perfección, homogeneidad y simetría.
  • Cuando camines por la calle, concéntrate en encontrar los rasgos bonitos de las personas con las que te cruzas. Intenta encontrar al menos un detalle agradable (la sonrisa, la mirada, el pelo, cómo combina la ropa…) observarás que todo el mundo tiene detalles bellos.
  • Sube a un lugar elevado de tu ciudad y observa las vistas de los tejados desde ahí.
  • Aprovecha el fin de semana para viajar a la sierra o a la montaña y haz fotos de los paisajes bellos que presencies.
  • Visita un museo y detente al menos 5 minutos delante invertir en acciones de Starbucks de un gran cuadro. Míralo con atención e intenta obtener placer de esta visión estética que trasciende la comprensión de la mente.

Adela Lasierra

Perdiendo el control

pauvallve

 

Primeros días calurosos tras el invierno, astenia primaveral. Felicidad: buscando rebrotar con la estación.

¡Qué bonito es cambiar de estación tras el invierno! Los arbolitos en flor, salir en mangas de camisa, ver una mariposa volar atolondrada y mil cositas más.

¡Qué pena que esta vez me este sentando tan mal!, aunque entiendo que depende de mi, probablemente estoy somatizando el estrés que siempre se me acumula, enigmáticamente, en esta época del año.

Este mes me toca practicar el autocontrol, ¿en que sentido?, Yo soy muy controladita para todo. ¿Se podrá practicar mejor el descontrolarse de vez en cuando? Me explico, yo siempre sé la hora que es, la comida que hay en el frigorífico, la ropa que me queda limpia, el dinero que tengo en el banco, la lista de la compra de las cosas que faltan en casa y por supuesto la agenda de tareas del día,  semana, mes, año y década, si me apuras….

Un pelín cargante, vamos, que cuando dicen que el cerebro es una computadora, yo doy fe.

Admiro a las personas sin plan, despreocupadas, que fluyen el día entero. Por eso me gustan las mariposas, me dan esa sensación de ligereza, de ir encontrando flores, en las que posarse en su camino, sin estudiar demasiado como han llegado hasta allí.  Yo sería más bien una oruga, de esas que van en fila india, siguiendo a sus compañeras y cuando se salen de la línea en movimiento, entran en crisis existencial.

¿Cómo pasar de oruga a mariposa sin convertirme en ”capullo”?

Creo que mi afán de control pasa por intentar saber de las pequeñas cosas de nuestra tímida existencia para no sentir el gran desconciento que tenemos sobre las grandes cuestiones de la vida.

Es curioso como te puedes quedar sin trabajo, o te puede dejar tu pareja, o se puede morir un familiar querido, sin saber cómo evitarlo o incluso sin que apenas lo esperes…con la sensación de indefensión que genera. Quizás si me concentro en confiar en mis recursos, para elegir la actitud con la que me tomo esos vaivenes, me consuelo.

Uno siempre puede manejar, mejor o peor, qué hacer ante la incertidumbre o la certeza caída de golpe y esperar lo mejor del futuro. Retarse a pensar que cuando una puerta se cierra es porque se debía cerrar  y una ventana se abrirá con el viento resultante de ese portazo.

Voy a intentar repetirme dos cosas:

1 Pase lo que pase, lo afrontaré.

2 Confío en la vida y en mi.

Mientras seco mis alas ,de recién estrenada mariposa, al sol!

Raquel Rodríguez

Un ejemplo de superación

Muchas veces hablamos del poder de la actitud a la hora de afrontar la vida, independientemente de las circunstancias objetivas a las que nos enfrentamos. En cualquier situación, tenemos la opción de elegir nuestra mejor, o nuestra peor actitud. Esta persona puede servirnos de inspiración a la hora de hacerlo.

Pincha en la imagen para ver el vídeo de una persona con buena actitud.

 

Autocontrol

Para poner en práctica tu fortaleza del AUTOCONTROL, te invitamos a que durante esta semana:

  • Comas con conciencia plena. Es decir, seas consciente de la cantidad que ingieres de un alimento en particular (por ejemplo, galletas) que habitualmente comas de manera impulsiva
  • Reflexiones acerca de las cosas que te hacen enfadar. Normalmente, son elementos cíclicos, es decir, que se repiten pediódicamente. En cuanto identifiques de qué elementos se trata, será más fácil que te autocontroles de cara a tus reacciones.
  • Plantéate de nuevo tu gestión del tiempo durante la semana: examina tu rutina y decide si has de eliminar alguna actividad que no te esté trayendo una recompensa equiparable al esfuerzo que te conlleva
  • Planifica el introducir hábitos más saludables en tu vida. Te aconsejamos que elijas únicamente un campo (por ejemplo: dejar  hábitos nocivos, el ejercicio físico, la alimentación, la vida sedentaria…) y te marques un objetivo de mejora medible, motivante, intrínseco y alcanzable. Intenta esforzarte en conseguirlo durante el próximo mes y verás lo fácil que es continuar una conducta una vez que la has interiorizado como hábito!
  • Revisa tu comportamiento cívico: ¿respetas las reglas de circulación? ¿dejas salir a la gente en el metro antes de entrar? ¿has robado algo pequeño en unos supermercados? Esfuérzate durante una semana en cumplir las normas aunque tu impulso inicial sea otro.

Adela Lasierra

Prudencia para hablar

 

Febrerillo loco, que no hace un día como otro. Primera mariquita de la temporada en la planta de mi ventana. Felicidad: aumentando porcentajes con cada signo de la llegada de la primavera.

La práctica de la anti- humildad fue mejor de lo que esperaba. Ahora nos enfrentamos a un desafío aún mayor…la práctica de la prudencia.

La prudencia, como en otras cosas, la tengo diferente según para qué.

Un ejemplo de prudencia absoluta son mis maletas. Yo a la hora de hacer una maleta llevo varias prendas inútiles para cualquier tipo de situación atmosférica, un jersey en verano por si refresca una noche, un bikini si voy a la playa en invierno, por si hace bueno y me baño…en fin.

Pero a la hora de hablar soy impulsiva y digo cosas de las que me arrepiento, lo más triste es que sobre todo a la gente a la que quiero (y que me quieren igual).  Y una vez que lo has dicho, aunque pidas perdón, ahí queda. Es como un folio que arrugas, aunque luego lo estires, ahí quedan las marcas. Pues las personas se quedan igual, estiradas pero con marcas imborrables.

Así que me dan igual las maletas, quiero dejar de ser cruel, quiero pensar antes de hablar.

He probado a huir cuando me enfado, darme media vuelta y no hablar, dar puñetazos a los sofás, decir la típica amenaza de “me callaré antes de que diga algo de lo que me arrepienta”, respirar hasta hiperventilar, y todo un abanico de violencia verbal y no verbal igual de impulsiva y penosa.

Lo que me gustaría es permanecer como una persona calmada, como si me enfado con desconocidos o con compañeros de trabajo, dónde no hago nada de eso, sino que  pido perdón por si no me he explicado bien o mando un político email. ¿Cómo conseguirlo? ¿Por qué tanta diferencia de intensidad emocional?

Creo que el descontrol se debe a que de verdad me importan esas personas y fíjate que, igualmente pienso, que ahí tiene que estar también la clave, en recordar antes de hablar cuanto me importan, que pasaría si me dieran de lado por gruñona, si desaparecieran de mi vida o si en vez de estiradas pero con marcas, quedasen arrugadas, como una pelotilla de papel, por mi falta de prudencia.

Voy a llevar una hoja de papel en el bolso y cada vez que me enfade, apretaré ese papel y miraré sus marcas,  mientras pienso que decir, para arreglar las cosas sin herir.

Raquel Rodríguez

 

 

 

 

Cuidado y Prudencia

Para poner en práctica tu fortaleza del CUIDADO Y LA PRUDENCIA, esta semana te proponemos:

  • Piensa acerca de la última vez que reaccionaste de manera impulsiva y ello te acarreó malos resultados. Reflexiona acerca de cómo lo harías ahora y qué consecuencias positivas podrías haber obtenido de haberlo hecho.
  • Recuerda una ocasión en la que la previsión mejoró los resultados. Por ejemplo: una vez que fuiste al monte y, a pesar de que era verano decidiste llevar un chubasquero en la mochila y te vino muy bien porque se echó a llover de repente y te ahorraste un buen resfriado.
  • La próxima vez que organices un plan, disfruta del cuidar todos los detalles: las personas que irán, dónde iréis, qué haréis… Planifica de manera práctica y siéntete bien al ver que tienes todo bajo control, en lugar de estar sobrepasada por la situación o sintiendo incertidumbre.
  • Cuando vayas a tener una charla importante con una persona significativa para ti, o que te suponga una carga emocional grande, planifica de antemano qué es lo que le quieres transmitir. Muchas veces, el tener a la otra persona delante, nos pone nervios@s (si es un tema delicado) y no somos tan eficaces comunicando lo que queremos como nos gustaría. Lo mismo ocurre cuando nos enfadamos, es más fácil contestar de manera impulsiva y ello puede dañar a la otra persona. Antes de hacerlo, anticipa las consecuencias de tus palabras y piensa si realmente las sientes.

Adela Lasierra

Humildemente yo

Pleno invierno, frío polar. Temperatura y Felicidad como para quedarse en casa debajo de una mantita.

Humildemente, mi querido diario, no sé cómo trabajar la humildad. Qué vergüenza  contarte esto pero, después de darle muchas vueltas a la cabeza… estoy pensando trabajarlo al revés, es decir, ¡para disminuirla!

Desde que tengo uso de razón, me sonrojo si me dicen cosas bonitas o reconocen lo que hago bien, lo noto porque me da un repentino golpe de calor en las mejillas y unas inevitables ganas de cambiar de tema.

Pero no es timidez pues me encanta, por ejemplo, hablar en público, excepto el final. Si al acabar me aplauden, no puedo más que intentar huir, distrayéndome en buscar lo que sea, ya que entiendo que salir corriendo, que en realidad es lo que me pide el cuerpo, quedaría raro.

Hay una situación que me preocupa especialmente: no se venderme.

No lo puedo evitar, cuando he hecho entrevistas de trabajo, todo lo minimizo, cada logro es dotado por mí, sutilmente, de un toque de normalidad, y al final parece que he llegado a conseguir las habilidades que tengo por un encadenamiento natural de circunstancias afortunadas y fortuitas, que no tienen gran importancia.

Una vez me preguntaron: ¿Porque cree usted que es el mejor candidato? Eee…..aaa..mmm…. (varios sonidos de inseguridad después) Porque…bueno, no sé si soy la mejor, seguramente cada uno es especialmente bueno para algunas de las funciones descritas, pero me encantaría hacer este trabajo…je,je,je, (final con risa forzada, incómoda y nerviosa).

Resumiendo, no es que me quiera convertir en una persona vanidosa, no creo que corra el peligro de acercarme a eso ni en un millón de años trabajando esta fortaleza de modo inverso, pero quiero saber lucirme. LU-CIR-ME, tal cual, porque yo lo valgo.

Para ello, he pensado estas tres ideas:

Primera, aceptar lo que me digan con orgullo, mirando a los ojos cuando llegue el alago, recogerlo, agradecerlo y sentirme bien por ello (como a un niño cuando le dicen que es un campeón y notas como saca pecho).

Segunda, decirme cosas bonitas a mí misma en mi diálogo interior (a ver si contrarresto mis auto-críticas).

Tercera, y más difícil, hacer dos listas, una de aquellas cosas que hago bien y disfruto y otra de mis logros. Tenerlas presentes en mi mente y en cuanto tenga la mínima oportunidad, compartir alguna con aquellos de mi alrededor (lo que vulgarmente se llamaría “echarme flores”).

En fin, ya te contaré si me funciona, no obstante, reconocer que uno es demasiado humilde, también es un tema de humildad.

Estamos en contacto.

Raquel Rodríguez